martes, 22 de junio de 2010

Semana Santa, hipocresía religiosa o motivo de reflexión


Recién concluyó la denominada "Semana Santa", de la cual poco se reflexiona. Para muchos solo se trata de una costumbre religiosa. En torno a su figura central, cabe la pregunta: ¿quién fue Jesús y cómo vivió?
Jesús no era un hombre religioso, ni radical, pero sí un permanente inspirador de la fe y un revolucionario pacífico. Las fuentes de sus lecciones eran el que hacer de la vida cotidiana. Transmite los mensajes del perdón mediante imágenes, como la oveja perdida, el tesoro perdido y el hijo perdido, etc.
Aunque decía que el discípulo supera al maestro, sus enseñanzazas estaban precedidas de pragmatismo. Primero hacía y luego decía.
Fue criticado por aceptar a las prostitutas, cobradores de impuestos y pecadores, a quienes llamaba a cambiar su forma de vida. Estos eran vistos por el sistema religioso como las castas despreciadas, por no acatar el mandamiento de Dios y por el tipo de oficio que ejercían. Estos despreciados a quienes Jesús aceptó, no tenían opción de salvación, de acuerdo a la clase religiosa de la época.
Confrontó a los sacerdotes, responsables del culto en Jerusalén. Su ascenso lo heredaban, al pertenecer a esa clase; los escribas, maestros en teología y jueces, decidían sobre el derecho religioso y penal y los fariseos, laicos y fanáticos, provenían de todos los estratos de la población, formados en la primera mitad del Siglo II, a.C.
Estos religiosos exigían a la gente cumplir con preceptos y tradiciones que ellos eran incapaces de acatar. Jesús los calificó de hipócritas. (Mt 23:23). Serpientes, raza de víboras!. Cómo van a escapar del castigo del infierno. (Mt23:33-35).
La pregunta obligada es ¿Jesús reprocharía hoy a aquellos líderes evangélicos y católicos por amasar grandes riquezas materiales, mientras en sus congregaciones sus feligreses atraviesan necesidades? En una ocasión dijo, el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.
¿Confrontaría a los sacerdotes pedófilos, y los llamaría al arrepentimiento?, o ¿cumpliría con los preceptos del derecho canónico?, haciéndose cómplice del encubrimiento que durante siglos ha mantenido la jerarquía de esa iglesia, sobre tan grave infamia cometida contra niños y que hoy salpica al actual Papa Benedicto XVI y a su hermano, monseñor Georg Ratzinger .
¿Guardaría silencio, como han hecho por más de 30 años, los medios masivos y el Vaticano, sobre la extraña muerte en 1978 del papa Juan Pablo I, Albino Luciani?, quien ordenó investigar las andanzas de los administradores del Banco del Vaticano, y el Banco Ambrosiano por los supuestos negocios con la mafia italiana y estadounidense, lo cual según algunos investigadores, le costó la vida.
¿Señalaría a las instituciones cristianas, islámicas o judías que hacen alianza con quienes ostentan el poder económico y político de los países, y que a su vez cometen abusos en perjuicio de nuestros hermanos en todo el mundo? Seguramente los religiosos de hoy también buscarían la forma de matarlo, aunque ignoren que con la muerte, los vence a ellos y al mal que los inspira.
Lo ocurrido en aquella época con Jesús, debería movernos a vivir como él vivió. El cristianismo es una forma de vida apegada a las enseñanzas de Jesús y es la esperanza sobre la muerte, pues fue el único que la venció. Su promesa es clara, todo aquel que actúe conforme a esa forma de vida -cristianismo puro y no religiosidad hueca-, también vencerá la muerte.

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